El mundo de los postres (o cocina dulce) intenta aprovechar los conocimientos de pastelería aplicándolos a técnicas de cocina y trabajar con la “momentaneidad” que un servicio de restaurante nos ofrece, es decir, las elaboraciones se montan al momento, de cocina a la mesa.
Eso nos permite jugar con muchos factores, tanto de texturas como de temperatura (algodones de azúcar, cristales de hielo, caramelos muy finos, emulsiones, espumas, combinaciones frías/calientes, elaboraciones con ahumados dulces, sorbetes combinados con otras elaboraciones…) además de ensamblajes muy delicados y efímeros (que si se tratase de una pastelería, sería imposible de soportar en una vitrina) y con un respeto al producto tal y como si de una cocina se tratara, es decir, si un producto es increíble tal cual, no le damos ningún tratamiento, e intentamos potenciar ese producto con otras elaboraciones.

Existía el gran mundo de la cocina (colonizado por elaboraciones saladas) y el gran mundo de la pastelería (en el que el azúcar tiene el monopolio).
Ahora con el mundo de los postres, se abre un abanico de posibilidades, en el que el azúcar pierde parte del protagonismo para dar paso a sabores ácidos, amargos, matices picantes, ahumados, toques salados para potenciar los sabores… todo de manera concordante y, por supuesto, teniendo como fundamental objetivo el SABOR, por encima de la estética, la técnica, etc…

Por eso, remarcamos que nosotros no somos pasteleros, somos POSTREROS, y estamos en deuda con el resto de cocineros y pasteleros que cada día aportan nuevas ideas, sabores y técnicas al mundo, las cuales aprovechamos para seguir haciendo nuestro propio camino…

 

Life is sweet...